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Cuentos escogidos
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NOTAS DEL TRANSCRIPIOR
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El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia Española que estaban vigentes cuando la presente edición de esta obra fue publicada. El lector interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.
En la presente transcripción la ortografía de las mayúsculas acentuadas siguen las reglas indicadas por la RAE, que establecen que el acento ortográfico debe utilizarse, incluso si la vocal acentuada está en mayúsculas.
Errores evidentes de impresión y de puntuación en el texto escrito por el autor han sido corregidos.
El Índice de capítulos incluido al final de la obra han sido mudados al principio.
Cuentos escogidos
Se han tirado dos ejemplares en papel imperial del Japón (N.º 1 y N.º 2)
VELADAS DEL HOGAR
GUY DE MAUPASSANT
Cuentos escogidos
Prefacio de MARCEL PRÉVOST
Versión castellana
POR
CARLOS DE BATLLE
SOCIEDAD DE EDICIONES LITERARIAS Y ARTÍSTICAS
Librería Paul Ollendorff
50, CHAUSSÉE D'ANTIN, 50
PARÍS
PREFACIO
LOS CUENTOS DE GUY DE MAUPASSANT
La fortuna literaria de Guy de Maupassant habrá sido tan excepcional después de su muerte como lo fué durante su vida. Tarde y repentinamente llegó á la celebridad: desconocido á los treinta años, todo el mundo le conocía al cumplir treinta y dos ¡Y á los cuarenta y dos murió en plena actividad, actividad que había sido tan fecunda, que en diez años le había dado materia para treinta tomos!... Tan amplia producción, acogida con favor tan repentino, podía hacer presagiar un cambio de fortuna después de la muerte.
Efectivamente, al morir, la reputación del escritor celebre está amenazada por dos crisis distintas: ó el olvido inmediato y la más grande indiferencia, como le ocurrió à Octave Feuillet, ó la exagerada severidad de esa especie de tribunal que componen los contemporáneos. El último caso fué el de Víctor Hugo, que ante el Supremo Tribunal ganó gloriosamente el pleito.
Pero, con Guy de Maupassant no ocurrió nada parecido. En el momento que consideró más oportuno, supo conquistarse un lugar entre los primeros prosistas de su época, y cuando desapareció del mundo de los vivos, ese lugar continuó perteneciéndole. En él nadie se ha instalado después. Se le lee lo mismo que cuando vivía, y si se juzga por ese signo brutal que indica el éxito del cuentista, y que consiste en la venta de sus libros, tal vez se le lee más.
La obra entera de Guy de Maupassant ha resistido victoriosamente. Y el único efecto causado por la muerte del autor fué que la opinión clasificase su obra en varias categorías: cuentos, novelas cortas y novelas, y, al continuar saboreando el conjunto, parece preferir los cuentos y coloca las novelas cortas por encima de las novelas.
Sin embargo, no puede darse como cosa cierta que si Maupassant novelista hubiese vivido, no hubiera llegado á igualar al Maupassant cuentista. Sus novelas, notables todas, tienen en contra suya el efecto del número. Maupassant, que escribió cinco novelas, escribió veinticinco tomos de cuentos ó novelas cortas; y los cuentos propiamente dichos, los cuentos del género y dimensiones de los que forman este libro, llenan, de veinticinco tomos, veinte. Y cito números exactos porque constituyen los elementos positivos del debate. Es cierto que la fama del cuentista fecundo ejerce gran influencia sobre la fama del autor de Une Vie y Bel Ami. Y justo es anotar estos títulos para discutir en seguida con mayor facilidad el valor relativo de la obra del cuentista, y el de la obra del novelista.
La segunda razón que más poderosamente ha contribuido á hacer popular á Maupassant cuentista, estriba en que el cuento es una obra corta que se publica fácilmente y fácilmente se reproduce en los periódicos, y que el lector puede leer cómodamente varias veces. Es un producto literario que el público se procura, por poco dinero, que puede conocer por corto que sea el tiempo de que disponga, y que puede retener haciendo un insignificante esfuerzo de memoria.
Y finalmente, la última y la mejor razón del privilegiado favor de que gozan los cuentos de Maupassant, entre todo lo que produjo, consiste seguramente en que componen la parte más personal, más definitiva y más excelente de su obra.
En efecto, la muerte no permitió á Maupassant novelista que evolucionase por completo. Sus últimas novelas, Fort comme la mort y Notre cœur, difieren muchísimo de Une Vie ó de Bel Ami. Y tanto en Notre cœur como en Une Vie, lo que más llama la atención y hace que se admire, no es tanto la profundidad de la psicología y la importancia del problema tratado como el arte del cuentista, que especialmente se pone de manifiesto en las escenas aisladas.
En lo que á las novelas cortas se refiere, preciso es confesar que algunas de las mejores producciones del autor de Boule de Suif y Monsieur Parent, casi llegan á la perfección. Y en verdad que por su mérito no se diferencian mucho de sus cuentos: el procedimiento es el mismo y tal vez única y exclusivamente debido á sus dimensiones se las pone en diferente categoría.
Siendo á su manera muy personales, las novelas cortas de Maupassant tienen sin embargo cierto parecido, en lo que al genero se refiere, con obras análogas anteriores. Puedo citar Une Passion dans le désert, de Balzac; Un cœur simple, de Flaubert, y varias novelas cortas de Mérimé y de Zola. Por el contrario, á sus cuentos no se les descubren antepasados literarios. No se parecen—elijo sin comparar dos ejemplos de éxito—ni á los cuentos de Gustave Droz, que son fantasías de realidad pintoresca ó psicológica, desprovistos dé pretensiones, ni á los cuentos de Daudet, que en su mayor parte son pequeños poemas.
El cuento breve, real ó pintoresco como los de Maupassant, nació probablemente de las necesidades materiales y prácticas que se imponían para su publicación. Sus primeros cuentos, y la mayor parte de los que les siguieron, se publicaron en periódicos diarios. Sus dimensiones tenían que limitarse á doscientas ó trescientas líneas, y este reducido espacio no molestó más al pensamiento del escritor que lo que al poeta molestan las reglas de los poemas de forma fija. Por lo demás, Maupassant no aportó á sus cuentos procedimiento distinto al que en sus novelas cortas empleaba: se contentó con reducirlo, y halló que esa reducción le procuraba proporciones más afortunadas y efectos más sorprendentes.
Por poco que en ello se reflexione se verá que semejante reducción tenía forzosamente que producir el máximum de acción. Componía observando riguroso método: se sabe que no tomaba la pluma hasta que la composición preparatoria estaba terminada en su cerebro, y entonces se dictaba á sí mismo, por decirlo así, un texto casi definitivo. ¡Apenas se encuentran algunas tachaduras en los manuscritos de este escritor que tanto trabajaba el estilo! Y la excelencia de la composición aparece tan clara en el cuento, que la mirada y la memoria del lector la reflejan de pronto. Por otra parte, Maupassant empleaba un estilo preciso, sin nada que lo recargase, y deliberadamente breve. Raramente sus frases llenan más de tres líneas, y las que son más largas no son mejores. Y la experiencia demuestra que los escritores que componen frases largas, fracasan infaliblemente en el cuento por efecto de la desproporción que salta á la vista de todos, hasta de los menos perspicaces...
Y por otra parte todavía, y éste fué uno de los rasgos característicos de su talento, Maupassant descolló en la psicología de los seres pertenecientes á la clase media, de los seres adocenados, labradores, pequeños rentistas, empleados, pescadores de caña, cazadores, viejas burguesas y viejas de pueblo, criadas, mujeres de marinos... Y hasta cuando en los últimos días de su vida estudió el alma de los mundanos, no hizo ningún esfuerzo para presentar caracteres extraños, ni cultivó lo que Bourget llama complicaciones sentimentales. Porque si en la novela se necesita tiempo y espacio necesario para presentar personajes singulares y llevados á extraordinarias aventuras, no sucede lo mismo con el cuento. En el cuento, es preciso que los personajes, en cuerpo y alma, queden definidos con pocas palabras; y para descripciones semejantes, nada encaja mejor que los tipos de la clase media, porque todos ellos se encuentran en algún rincón de nuestra memoria y basta con animar la imagen. En eso estriba el triunfo de Maupassant; pero con todo, citaremos algunos principios de cuento tomados de este libro:
«Los pobres vivían penosamente con el corto sueldo del marido. Dos niños habían nacido del matrimonio, y la estrechez se había convertido en una de esas miserias veladas, humildes, vergonzosas, miseria de familia noble que á pesar de todo quiere conservar la altura que á su rango corresponde». (Á caballo).
«Chicot, el hostelero de Epreville, detuvo su tilburi
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