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  1. PREFACIO
  2. CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA
  3. I
  4. II SALUTACIÓN DEL OPTIMISTA
  5. III AL REY OSCAR
  6. IV LOS TRES REYES MAGOS
  7. V CYRANO EN ESPAÑA
  8. VI SALUTACIÓN A LEONARDO
  9. VII PEGASO
  10. VIII A ROOSEVELT
  11. IX
  12. X CANTO DE ESPERANZA
  13. XI
  14. XII HELIOS
  15. XIII SPES
  16. XIV MARCHA TRIUNFAL
  17. LOS CISNES
  18. I
  19. II EN LA MUERTE DE RAFAEL NÚÑEZ
  20. III
  21. IV
  22. OTROS POEMAS
  23. I RETRATOS
  24. II
  25. II POR EL INFLUJO DE LA PRIMAVERA
  26. III LA DULZURA DEL ÁNGELUS...
  27. IV TARDE DEL TRÓPICO
  28. V NOCTURNO
  29. VI CANCIÓN DE OTOÑO EN PRIMAVERA
  30. VII TRÉBOL
  31. I
  32. II
  33. III
  34. VIII «CHARITAS»
  35. IX NO OBSTANTE...
  36. X LÍBRANOS SEÑOR...
  37. XI FILOSOFÍA
  38. XII LEDA
  39. XIII DIVINA PSIQUIS
  40. XIV EL SONETO DE TRECE VERSOS
  41. XV
  42. XVI A PHOCÁS EL CAMPESINO
  43. XVII
  44. XVIII UN SONETO A CERVANTES
  45. XIX MADRIGAL EXALTADO
  46. XX MARINA
  47. XXI CLEOPOMPO Y HELIODEMO
  48. XXII AY, TRISTE DEL QUE UN DÍA...
  49. XXIII
  50. XXIV AUGURIOS
  51. XXV MELANCOLÍA
  52. XXVI ALELUYA!
  53. XXVII DE OTOÑO
  54. XXVIII A GOYA
  55. XXIX CARACOL
  56. XXX AMO, AMAS
  57. XXXI SONETO AUTUMNAL AL MARQUÉS DE BRADOMÍN
  58. XXXII NOCTURNO
  59. XXXIII URNA VOTIVA
  60. XXXIV PROGRAMA MATINAL
  61. XXXV IBIS
  62. XXXVI THANATOS
  63. XXXVII OFRENDA
  64. XXXVIII PROPÓSITO PRIMAVERAL
  65. XXXIX LETANÍA DE NUESTRO SEÑOR DON QUIJOTE
  66. XL ALLÁ LEJOS
  67. XLI LO FATAL
  68. ÍNDICE
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Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas

Obras Completas Vol. VII

Rubén Darío

kostenlos · 12.762 Wörter · ~51 Min. Lesezeit

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AL ÍNDICE

 

      Imp. de Ramona Velasco, Viuda de P. Pérez, Libertad 31.      

 

A
NICARAGUA

A LA REPÚBLICA ARGENTINA

R. D.




PREFACIO

ODRÍA repetir aquí más de un concepto de las palabras liminares de Prosas profanas. Mi respeto por la aristocracia del pensamiento, por la nobleza del Arte, siempre es el mismo. Mi antiguo aborrecimiento a la mediocridad, a la mulatez intelectual, a la chatura estética, apenas si se aminora hoy con una razonada indiferencia.

 

El movimiento de libertad que me tocó iniciar en América se propagó hasta España, y tanto aquí como allá el triunfo está logrado. Aunque respecto a la técnica tuviese demasiado que decir en el país en donde la expresión poética está anquilosada a punto de que la momificación del ritmo ha llegado a ser un artículo de fe, no haré sino una corta advertencia. En todos los países cultos de Europa se ha usado del exámetro absolutamente clásico sin que la mayoría letrada y sobre todo la minoría leída se asustasen de semejante manera de cantar. En Italia ha mucho tiempo, sin citar antiguos, que Carducci ha autorizado los exámetros; en inglés, no me atrevería casi a indicar, por respeto a la cultura de mis lectores, que la Evangelina de Longfellow está en los mismos versos en que Horacio dijo sus mejores pensares. En cuanto al verso libre moderno... ¿no es verdaderamente singular que en esta tierra de Quevedos y de Góngoras los únicos innovadores del instrumento lírico, los únicos libertadores del ritmo, hayan sido los poetas del Madrid Cómico y los libretistas del género chico?

 

Hago esta advertencia porque la forma es lo que primeramente toca a las muchedumbres. Yo no soy un poeta para muchedumbres. Pero sé que indefectiblemente tengo que ir a ellas.

Cuando dije que mi poesía era «mía, en mí» sostuve la primera condición de mi existir, sin pretensión ninguna de causar sectarismo en mente o voluntad ajena, y en un intenso amor a lo absoluto de la belleza.

Al seguir la vida que Dios me ha concedido tener, he buscado expresarme lo más noble y altamente en mi comprensión; voy diciendo mi verso con una modestia tan orgullosa que solamente las espigas comprenden, y cultivo, entre otras flores, una rosa rosada, concreción de alba, capullo de porvenir, entre el bullicio de la literatura.

Si en estos cantos hay política, es porque aparece universal. Y si encontráis versos a un presidente, es porque son un clamor continental. Mañana podremos ser yanquis (y es lo más probable); de todas maneras, mi protesta queda escrita sobre las alas de los inmaculados cisnes, tan ilustres como Júpiter.

R. D.
 

CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA

A
J. ENRIQUE RODÓ
 


El alma que entra allí debe ir desnuda,
temblando de deseo y fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
Así sueña, así vibra y así canta.

I

YO soy aquel que ayer no más decía
el verso azul y la canción profana,
en cuya noche un ruiseñor había
que era alondra de luz por la mañana.

El dueño fuí de mi jardín de sueño,
lleno de rosas y de cisnes vagos;
el dueño de las tórtolas, el dueño
de góndolas y liras en los lagos;
y muy siglo diez y ocho y muy antiguo
y muy moderno; audaz, cosmopolita;
con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,
y una sed de ilusiones infinita.

Yo supe de dolor desde mi infancia,
mi juventud... ¿fué juventud la mía?
sus rosas aun me dejan su fragancia—
una fragancia de melancolía...

Potro sin freno se lanzó mi instinto,
mi juventud montó potro sin freno;
iba embriagada y con puñal al cinto;
si no cayó, fué porque Dios es bueno.

En mi jardín se vió una estatua bella;
se juzgó mármol y era carne viva;
una alma joven habitaba en ella,
sentimental, sensible, sensitiva.

Y tímida ante el mundo, de manera
que encerrada en silencio no salía,
sino cuando en la dulce primavera
era la hora de la melodía...

Hora de ocaso y de discreto beso;
hora crepuscular y de retiro;
hora de madrigal y de embeleso,
de «te adoro», de «¡ay!» y de suspiro.

Y entonces era en la dulzaina un juego
de misteriosas gamas cristalinas,
un renovar de notas del Pan griego
y un desgranar de músicas latinas,

con aire tal y con ardor tan vivo,
que a la estatua nacían de repente
en el muslo viril patas de chivo
y dos cuernos de sátiro en la frente.

Como la Galatea gongorina
me encantó la marquesa verleniana,
y así juntaba a la pasión divina
una sensual hiperestesia humana;

todo ansia, todo ardor, sensación pura
y vigor natural; y sin falsía,
y sin comedia y sin literatura...:
si hay un alma sincera, esa es la mía.

La torre de marfil tentó mi anhelo;
quise encerrarme dentro de mí mismo,
y tuve hambre de espacio y sed de cielo
desde las sombras de mi propio abismo.

Como la esponja que la sal satura
en el jugo del mar, fué el dulce y tierno
corazón mío, henchido de amargura
por el mundo, la carne y el infierno.

Mas, por gracia de Dios, en mi conciencia
el Bien supo elegir la mejor parte;
y si hubo áspera hiel en mi existencia,
melificó toda acritud el Arte.

Mi intelecto libré de pensar bajo,
bañó el agua castalia el alma mía,
peregrinó mi corazón y trajo
de la sagrada selva la armonía.

¡Oh, la selva sagrada! ¡Oh, la profunda
emanación del corazón divino
de la sagrada selva! ¡Oh, la fecunda
fuente cuya virtud vence al destino!

Bosque ideal que lo real complica,
allí el cuerpo arde y vive y Psiquis vuela;
mientras abajo el sátiro fornica,
ebria de azul deslíe Filomela.

Perla de ensueño y música amorosa
en la cúpula en flor del laurel verde,
Hipsipila sutil liba en la rosa,
y la boca del fauno el pezón muerde.

Allí va el dios en celo tras la hembra,
y la caña de Pan se alza del lodo;
la eterna Vida sus semillas siembra,
y brota la armonía del gran Todo.

El alma que entra allí debe ir desnuda,
temblando de deseo y fiebre santa,
sobre cardo heridor y espina aguda:
Así sueña, así vibra y así canta.

Vida, luz y verdad, tal triple llama
produce la interior llama infinita;
el Arte puro como Cristo exclama:
Ego sum lux et veritas et vita!

Y la vida es misterio; la luz ciega
y la verdad inaccesible asombra;
la adusta perfección jamás se entrega,
y el secreto ideal duerme en la sombra.

Por eso ser sincero es ser potente,
de desnuda que está, brilla la estrella;
el agua dice el alma de la fuente
en la voz de cristal que fluye d'ella.

Tal fué mi intento, hacer del alma pura
mía, una estrella, una fuente sonora,
con el horror de la literatura
y loco de crepúsculo y de aurora.

Del crepúsculo azul que da la pauta
que los celestes éxtasis inspira,
bruma y tono menor—¡toda la flauta!,
y Aurora, hija del Sol—¡toda la lira!

Pasó una piedra que lanzó una honda;
pasó una flecha que aguzó un violento.
La piedra de la honda fué a la onda,
y la flecha del odio fuese al viento.

La virtud está en ser tranquilo y fuerte;
con el fuego interior todo se abrasa;
se triunfa del rencor y de la muerte,
y hacia Belén... la caravana pasa!

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—

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Cantos de Vida y Esperanza, Los Cisnes y otros poemas von Rubén Darío. Der Text ist in den USA gemeinfrei, digitalisiert von den Freiwilligen von Project Gutenberg. Wir liefern ihn aus unserer eigenen Kopie aus.

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