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El equipaje del rey José

Benito Pérez Galdós

kostenlos · 60.587 Wörter · Hörbuch (6 Std. 11 Min.), gelesen von KendalRigans für LibriVox

Text von Project Gutenberg

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Índice:

I,  II,  III,  IV,  V,  VI,  VII,  VIII,  IX,  X,  XI,  XII,  XIII,  XIV,  XV,  XVI,  XVII,  XVIII,  XIX,  XX,  XXI,  XXII,  XXIII,  XXIV,  XXV,  XXVI,  XXVII,  XXVIII.

El equipaje del rey José

Nota de transcripción

  • Los errores de imprenta han sido corregidos.
  • La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.
  • Las rayas intrapárrafos han sido espaciadas según los modernos usos ortotipográficos.

EPISODIOS NACIONALES


EL EQUIPAJE DEL REY JOSÉ


Es propiedad. Queda hecho el depósito que marca la ley. Serán furtivos los ejemplares que no lleven el sello del autor.


Imprenta de los Sucesores de Hernando, Quintana, 33.

B. PÉREZ GALDÓS

EPISODIOS NACIONALES

SEGUNDA SERIE


EL EQUIPAJE

DEL

REY JOSÉ


39.000

MADRID

LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO

Calle del Arenal, núm. 11.

—

1908

EL EQUIPAJE DEL REY JOSÉ


I

El 17 de marzo de 1813 salieron de Palacio algunos coches, seguidos de numerosa escolta, y bajando por Caballerizas a la Puerta de San Vicente, tomaron el camino de la Puerta de Hierro.

—Su Majestad intrusa va al Pardo —dijo don Lino Paniagua en uno de los corrillos que se formaron al pasar los carruajes y la tropa.

—Todavía no es el tiempo de la bellota, señores —repuso otro, que se preciaba de no abrir la boca sin regalar al mundo alguna frutecilla picante y sabrosa del árbol de su ingenio.

—Su Majestad se ha convencido de que no engordará en España, y por ese camino adelante no parará hasta Francia —indicó un tercero, hombre forzudo y ordinario que respondía al nombre de Mauro Requejo.

—¡A Francia! Todas las mañanas nos saluda la gente con el estribillo de que se marchan los franceses aburridos y cansados, y por las noches nos acostamos con la certidumbre de que los franceses no se aburren, ni se cansan, ni tampoco se van.

—Tiene razón el señor don Lino Paniagua —declaró otro personaje que se distinguía de los demás del grupo por el deslumbrante verdor de sus anteojos y un extraño modo de reír, más propiamente comparable a visajes de cuadrúmano que a muecas de racional—. ¡Tiene razón! Hace cinco años no se oye más que esto: «Se van sin remedio; ya no pueden sostenerse ni un día más: el lord dará buena cuenta de todos ellos dentro del mes que viene...» Y así corren los meses y los años: la gente muere, el pan sube, los pleitos merman, el dinero se acaba, y los franceses no se van sino para volver. Cuatro veces hemos visto salir al señor Pepe, y cuatro veces le hemos visto entrar con más bríos. ¿Se acuerdan ustedes de la batalla de Bailén? Pues todos decían: «Gracias a Dios que se acabó esto. No ha quedado un francés para simiente de rábanos.» ¡Ay! no pasaron muchos meses sin que les viéramos otra vez mandados por el Emperador en persona. Al cabo de cinco años se ha repetido la fiesta. Diose una batalla en Salamanca y aquí de mis bocas de oro. «¡Ya se acabó todo!... ¡Gracias a Dios!... Viva el lord...» Los franceses salen por un lado y los ingleses entran por otro... Pero esto parece escenario de un teatro: el lord se va por la derecha, y José se nos cuela por la izquierda... Señores, no puedo olvidar las acotaciones de las comedias, que dicen hace que se va y se queda... A mí, que soy perro viejo y tengo sobre mi alma cristiana cuatro dedos de enjundia de marrullería, no se me emboba con estas entradas y salidas.

—El señor licenciado Lobo —dijo don Narciso Pluma, que a la sazón se aproximó— se halla tan bien en su escribanía de cámara que no quisiera le molestase el ruido de las tropas, ni el estrépito de la guerra. Al fin y al cabo, los destinos dados por Murat no han de ser eternos.

—Ya os veo venir, embrollones; os entiendo, farsantes; os conozco, trapisondistas —repuso Lobo disimulando su enojo—. ¿Quieren hacerme pasar por afrancesado?... Parece que corren vientos anglicanos y wellingtonianos...

—Puede ser.

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—

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El equipaje del rey José von Benito Pérez Galdós. Der Text ist in den USA gemeinfrei, digitalisiert von den Freiwilligen von Project Gutenberg. Wir liefern ihn aus unserer eigenen Kopie aus.

Gesprochen von KendalRigans für LibriVox, ebenfalls gemeinfrei.

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