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  1. PRÓLOGO
  2. I
  3. II
  4. III
  5. IV
  6. V
  7. VI
  8. VII
  9. VIII
  10. IX
  11. X
  12. XI
  13. XII
  14. XIII
  15. XIV
  16. XV
  17. XVI
  18. XVII
  19. XVIII
  20. XIX
  21. XX
  22. XXI
  23. XXII
  24. XXIII
  25. XXIV
  26. XXV
  27. XXVI
  28. XXVII
  29. XXVIII
  30. XXIX
  31. XXX
  32. XXXI
  33. XXXII
  34. XXXIII
  35. XXXIV
  36. XXXV
  37. XXXVI
  38. XXXVII
  39. XXXVIII
  40. XXXIX
  41. XL
  42. XLI
  43. XLII
  44. XLIII
  45. XLIV
  46. XLV
  47. XLVI
  48. XLVII
  49. XLVIII
  50. XLIX
  51. L
  52. LI
  53. LII
  54. LIII
  55. LIV
  56. LV
  57. LVI
  58. LVII
  59. LVIII
  60. LIX
  61. LX
  62. LXI
  63. LXII
  64. LXIII
  65. LXIV
  66. LXV
  67. LXVI
  68. LXVII
  69. LXVIII
  70. LXIX
  71. LXX
  72. LXXI
  73. LXXII
  74. LXXIII
  75. LXXIV
  76. LXXV
  77. LXXVI
  78. LXXVII
  79. LXXVIII
  80. LXXIX
  81. LXXX
  82. LXXXI
  83. LXXXII
  84. LXXXIII
  85. LXXXIV
  86. LXXXV
  87. LXXXVI
  88. LXXXVII
  89. LXXXVIII
  90. LXXXIX
  91. XC
  92. XCI
  93. XCII
  94. XCIII
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Romancero selecto del Cid

Anonymous

kostenlos · 34.982 Wörter · Hörbuch (3 Std. 29 Min.), gelesen von KendalRigans für LibriVox

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Nota de transcripción

Índice

Romancero selecto del Cid



Romancero del Cid


ES PROPIEDAD


Romancero Selecto

DEL CID

CON UN PRÓLOGO DE

D. Manuel Milá y Fontanals

Catedrático

de la Universidad de Barcelona, presidente honorario de la Academia de Buenas Letras,
etc., etc.

Ilustración de

Werner, Foix, Gómez Soler y Xumetra

Grabados de KAESEBERG y GÓMEZ POLO

BARCELONA
BIBLIOTECA «ARTE Y LETRAS»
Daniel Cortezo y C.ª, Ausias March, 95

1884


Establecimiento tipográfico-editorial de Daniel Cortezo y C.ª


PRÓLOGO


I

La historia literaria nos señala, como objeto de incomparable nombradía, á los héroes que ocupan el primer lugar en las grandes y poco numerosas epopeyas, hijas legítimas del genio de un pueblo. Al retratar el poeta venusino, y por cierto con colores nada halagüeños, el carácter de Aquiles, no encuentra epiteto que mejor le cuadre que el de celebrado (honoratum). Igual calificativo pudiera aplicarse á los dos héroes predilectos de las tradiciones heróicas de Francia y España. «El Cid, dice el docto Puymaigre[1], es tan popular allende los Pirineos, como aquende lo fué Roldán.» Y, en verdad, si el nombre del paladín francés traspasó inmediatamente los linderos de su tierra natal, y se extendió por dilatadísimas comarcas, los españoles han recordado el del héroe de Vivar con sin igual perseverancia, y ni un solo día ha dejado de ser proverbial y propuesto como dechado de guerreros y patricios.

Rodrigo ó Rúy Díaz el de Vivar, llamado también el Castellano y el Campeador y más comunmente el Cid (nombre de origen arábigo que significa Señor), hijo de Diego Laynez, descendiente del juez de Castilla Laín Calvo, nació en Burgos ó en la próxima aldea de Vivar á mediados del siglo XI. Hubo de figurar ya en los últimos tiempos del primer Fernando. Le armó caballero y le nombró su alférez Sancho II, á quien, después de la batalla de Golpejares, aconsejó el Cid que atacase al victorioso y ya descuidado ejército de su hermano Alfonso VI de León. Consta que venció en singular batalla á un sarraceno y á un pamplonés. Acaso ya por entonces casó con doña Jimena, hija del conde de Oviedo.

Muerto Sancho por Bellido Dolfos en el cerco de Zamora, doce caballeros, entre los cuales se contaba Rodrigo, exigieron del nuevo rey de Castilla Alfonso VI que jurase no haber tenido parte en la muerte de su hermano. Asistió el Cid algún tiempo en la corte, pero por el recuerdo de la jura ó por otro motivo de desazón ó por hablillas de los envidiosos, fué desterrado al finalizar el año 1081 ó poco más tarde.

Fuése Rodrigo á Barcelona y luégo á Zaragoza, donde entró á reinar Al-Mutamin. Sirvió á éste victoriosamente contra su hermano el rey de Denia, favorecido por los soberanos de Aragón y Barcelona. Siguió el Cid unido al hijo y sucesor de Al-Mutamin, con cuyo auxilio rechazó á los Almoravides, llamados por Al-Kaadir, rey de Valencia, sitiando después esta ciudad. Tres veces se allegó á Alfonso, pero no tardaban en separarse, saliendo la tercera nuevamente desterrado.

Muerto Al-Kaadir y entronizado el traidor Ben-D’yajaf, después de varios incidentes y de haber rechazado la invasión del Almoravide Abou-Becr, se apoderó el Cid de Valencia (1094). Mostróse al principio clemente, pero luégo condenó al fuego á Ben-D’yajaf y otros musulmanes. Alcanzó nuevas victorias, mas derrotado por los almoravides su pariente y amigo Álvar Fáñez y parte de su propio ejército, murió de pesadumbre (1099). Su viuda tuvo que dejar á Valencia después de haberse mantenido en ella dos años. Salieron los cristianos en procesión con el cadáver de Rodrigo, el cual, como también después el de Jimena, fué sepultado en San Pedro de Cardeña. Le sobrevivieron sus dos hijas, Cristina, casada con Ramiro infante de Navarra, y María que lo fué con Berenguer Ramón III de Barcelona.

La historia no nos presenta al Cid como héroe sin mancha: no siempre se mostró vasallo reverente, y su energía se convirtió á veces en crueldad, su prudencia en astucia; pero atesoró grandes cualidades que le valieron la admiración de amigos y enemigos musulmanes, uno de los cuales le proclamó prodigio del Señor. Sus victorias, de que se aprovechó toda la cristiandad, su vida aventurera y hazañosa y sus prendas personales y domésticas le convirtieron, á no tardar, en héroe de épicas tradiciones.

Pocos años después de su muerte, si no ya en vida, según opina Baist, fué el Cid celebrado en un poema latino, y consta que á mediados del siglo XII era ya cantado con el nombre de Mio Cid.

Dos son los poemas ó cantares de gesta relativos á este célebre personaje histórico que se han conservado. El que versa sobre hechos más antiguos, publicado en nuestro siglo por Mr. Francisque Michel, ha sido llamado la Crónica Rimada ó el Poema de las mocedades del Cid y pudiera llamarse simplemente El Rodrigo, pues tal es el nombre que da constantemente al héroe. Este poema cuenta la historia fabulosa de la juventud de Rodrigo, la cual comprende la muerte dada á un supuesto conde de Gormaz, injuriador de su padre, su casamiento con Jimena, hija del mismo conde, sus primeras victorias ganadas á caudillos árabes y la imaginaria expedición á Francia, á donde, según se supone, acompañó al rey D. Fernando, para oponerse al tributo que á Castilla exigían los monarcas extranjeros.

El otro cantar, llamado comunmente el Poema del Cid, fué publicado en el pasado siglo por el Pbro. Don Tomás Sánchez, y pudiera distinguirse de El Rodrigo, apellidándole El mio Cid, pues así denomina al de Vivar. Menos apartado que aquél de la realidad histórica, es, á nuestro ver más antiguo, y nos presenta un héroe, nada muelle ni apocado, pero grave y comedido, sin los impetuosos arranques atribuídos á sus mocedades. Refiere las hazañas del Cid después de su último destierro, la toma de Valencia, el casamiento, sin duda alguna fabuloso, de sus hijas con los infantes de Carrión, la cobardía de éstos y el mal tratamiento que dan á sus esposas, las cortes convocadas por Alfonso, la sentencia pronunciada contra los infantes y los nuevos casamientos de las hijas del Cid con el infante de Aragón (así dice) y el de Navarra.

Fueron narrados también en cantares perdidos, el testamento y la muerte de don Fernando, el cerco de Zamora, la muerte de don Sancho y la jura de Alfonso.

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Romancero selecto del Cid von Anonymous. Der Text ist in den USA gemeinfrei, digitalisiert von den Freiwilligen von Project Gutenberg. Wir liefern ihn aus unserer eigenen Kopie aus.

Gesprochen von KendalRigans für LibriVox, ebenfalls gemeinfrei.

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