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Divinas palabras
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Nota de transcripción
- Los errores de imprenta han sido corregidos.
<li>La ortografía del texto original ha sido modernizada de acuerdo con
las normas publicadas en 2010 por la Real Academia Española.</li>
<li>Las páginas en blanco han sido eliminadas.</li>
<li>Se ha compilado y añadido un <a href="#ToC">Índice</a> al final
del libro pese a que el original impreso no lo incluye.</li>
Tipografía Yagües. — Nuncio, 8. — Madrid. — Teléfono 44-99.
DIVINAS PALABRAS
DIVINAS PALABRAS
TRAGICOMEDIA
POR
DON RAMÓN DEL VALLE-INCLÁN
OPERA OMNIA
VOL. XVII
DRAMATIS PERSONÆ
- LUCERO, QUE OTRAS VECES SE LLAMA SÉPTIMO MIAU Y COMPADRE MIAU
- POCA PENA, SU MANCEBA
- JUANA LA REINA Y EL HIJO IDIOTA
- PEDRO GAILO, SACRISTÁN DE SAN CLEMENTE; MARI-GAILA, SU MUJER, Y SIMONIÑA, NACIDA DE LOS DOS
- ROSA LA TATULA, VIEJA MENDIGA
- MIGUELÍN EL PADRONÉS, MOZO LEÑADOR
- UN CHALÁN
- MUJERUCAS QUE LLENAN LOS CÁNTAROS EN LA FUENTE
- MARICA DEL REINO CON OTRAS MUJERUCAS
- UN ALCALDE PEDÁNEO
- UNA RAPAZA
- EL CIEGO DE GONDAR
- EL VENDEDOR DE AGUA DE LIMÓN
- UN PEREGRINO
- LA PAREJA DE CIVILES
- UN MATRIMONIO DE LABRIEGOS CON UNA HIJA ENFERMA
- LA VENTERA
- SERENÍN DE BRETAL
- UNA VIEJA EN UN VENTANO
- UNA MUJER EN PREÑEZ
- OTRA VECINA
- UN SOLDADO CON EL CANUTO DE LA LICENCIA
- LUDOVINA LA TABERNERA
- TROPAS DE RAPACES CON BURLAS Y CANCIONES
- BEATERIO DE VIEJAS Y MOZAS
- BENITA LA COSTURERA
- QUINTÍN PINTADO
- MILÓN DE LA ARNOYA
- COIMBRA, PERRO SABIO
- COLORÍN, PÁJARO ADIVINO
- EL TRASGO CABRÍO
- UN SAPO ANÓNIMO QUE CANTA EN LA NOCHE
- FINAL DE GRITOS Y ATRUJOS MOCERILES
OPERA OMNIA
DIVINAS
PALABRAS
TRAGICOMEDIA
DE
ALDEA
VOL. XVII
JORNADA PRIMERA
DIVINAS PALABRAS:
JORNADA PRIMERA: ESCENA PRIMERA
San Clemente, anejo de Viana Del Prior. Iglesia de aldea sobre la cruz de dos caminos, en medio de una quintana con sepulturas y cipreses. Pedro Gailo, el sacristán, apaga los cirios bajo el pórtico románico. Es un viejo fúnebre, amarillo de cara y manos, barbas mal rapadas, sotana y roquete. Sacude los dedos, sopla sobre las yemas renegridas, las rasca en las columnas del pórtico. Y es siempre a conversar consigo mismo, huraño el gesto, las oraciones deshilvanadas.
PEDRO GAILO
...Aquellos viniéronse a poner en el camino, mirando al altar. Estos que andan muchas tierras, torcida gente. La peor ley. Por donde van muestran sus malas artes. ¡Dónde aquellos viniéronse a poner! ¡Todos de la uña! ¡Gente que no trabaja y corre caminos!...
Pedro Gailo se pasa la mano por la frente, y los cuatro pelos quédanle de punta. Sus ojos con estrabismo miran hacia la carretera donde hacen huelgo dos farandules, pareja de hombre y mujer con un niño pequeño, flor de su mancebía. Ella triste y esbelta, la falda corta, un toquillón azul, peines y rizos. El hombre, gorra de visera, la guitarra en la funda, y el perro sabio sujeto de un rojo cordón mugriento. Están sentados en la cuneta, de cara al pórtico de la iglesia: Habla el hombre, y la mujer escucha zarandeando al niño que llora. A esta mujer la conocen con diversos nombres, y, según cambian las tierras, es Julia, Rosina, Matilde, Pepa la Morena. El nombre del farandul es otro enigma, pero la mujer le dice Lucero. Ella recibe de su coime el dictado de Poca Pena.
LUCERO
Tocante al crío, pasando de noche por alguna villa, convendría soltarlo.
POCA PENA
¡Casta de mal padre!
LUCERO
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