Vida de Lord Byron
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Biblioteca de La Propaganda Literaria.
VIDA
DE
LORD BYRON
POR
EMILIO CASTELAR
HABANA.
Imprenta.—LA PROPAGANDA LITERARIA.—Libreria.
calle de O'Reilly, número 54.
—1873.—
Dedicatoria
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A mi hermano.
Hace quince años, mi querido Eduardo, que iluminándome con la luz de tu inteligencia, edificándome con el ejemplo de tus domésticas virtudes, y estimulándome con tu infatigable perseverancia, me trazabaş el camino de la felicidad, que solo se logra por el trabajo y se resuelve en el reposo de una conciencia tranquila.
Mas bien que hermano, has sido para mi un buen padre: mejor aun que padre, un discreto maestro fomentando mi aficion al arte de la tipografia. A tu direccion y consejo, debo mi subsistencia, la consideracion que a las gentes honradas merezco, y como recompensa de mis afanes, los goces inefables de la familia. No puedo redimir la deuda de gratitud que contigo he contraido, pero procuro hacerme digno de tu estimacion, consagrando todos mis desvelos al progreso de las letras en la Isla de Cuba, por el arte sublime, destinado en la edad moderna á servir de locomotora al pensamiento.
En este sentido, y como muestra de cariño, te dedico la edicion de este libro, uno de los mas brillantes que ha producido la pluma admirable de tu amigo Castelar.
Recíbela, si nó como fruto de mi pobre ingenio, como prueba de los nobles esfuerzos de La Propaganda Literaria, que quiere hoy consagrarte la memoria de tu amante hermano.
(Habana, 23 Diciembre, 1872)
ALEJANDRO CHAO.
NADA AL LECTOR, TODO AL AMIGO.
"Elige una obra grande y
"honrosa y trabaja por llevarla
"á cabo."—Tales de Mileto.
Ajeno estaba de que hubiera, en Cuba, de darse á la estampa un libro de Castelar.
Tan raras son las coincidencias de la vida, que más asemejan la obra de la combinacion calculada, que el producto de accidentes imprevistos.
Castelar, la imaginacion meridional más lozana que ha producido el corriente siglo, bajo la influencia tétrica de la bruma que pesa sobre la ciudad sajona, consagra un pensamiento á Lord Byron, genuino descendiente de la raza; y el hijo puro de la nueva y árida Castilla, á mil ochocientas leguas de su pais natal, envuelto en los ardientes rayos del sol que baña la exhuberante naturaleza de los trópicos, remite en las presentes pobres líneas, á través de los mares dilatados, un recuerdo de admiracion y cariño al autor sublime de estas brillantes páginas, que en mármol y oro debieran eternizarse.
Y no porque crea que hay forma al alcance de la mano para escribir prólogos al frente de las obras del más atrevido y gigante colorista de nuestros tiempos, sin que parezcan el anuncio de un almacen de víveres pintado en el telon del teatro de la ópera. Ni cabe en la sensatez del juicio unir un nombre oscuro con pretension literaria al universalmente célebre del notable repúblico, orador elocuentísimo y lírico sin ejemplo en los dias que corren, cuando es más irritante la modestia fingida que la soberbia ostentada, porque la oscuridad tiene su honra, en el silencio prudente, y en la precisa y justísima estimacion de lo que es y por sí propia vale.
Pero en todas partes, y á todas horas, y en todos tiempos y lugares, el amigo puede saludar al amigo y enviarle en su saludo una gota de su dulce alegría y un extracto de su cruel amargura, porque en esto estriban las corrientes morales de los afectos y de las ideas, tan precisas y fatales, como las corrientes de los rios y de los vientos, y de todo lo que en esta múltiple naturaleza viviente se agita, donde lo pequeño y lo grande se unen, y complementan esa conjuncion maravillosa que se llama armonía.
Quien ha sentido dentro del pecho ese oleaje furioso de las pasiones y de los deseos; quien ha soñado fantásticas: delicias, estrellándose con la fria y desnuda realidad; quien ha pedido amor á la pátria, y la pátria le ha mirado desdeñosamente, arrojándole, por último, de su seno con desprecio; quien ha suspirado por las amistades íntimas y ha visto sepultarse en el hambriento abismo de la muerte á sus amigos de la infancia; quien ha vivido anhelando los goces inefables de familia, y la familia le ha negado sus goces; quien en su terrible despecho, ha procurado aturdirse dejándose arrastrar por el torbellino de los placeres sensuales, cuyas indeclinables consecuencias son el hastío, la vergüenza y el oprobio; quien ha sentido dolor sin consuelo; quien ha llorado sin ser comprendido, sólo extremeciéndose puede acercarse á saludar la tumba de Byron.
Pero Castelar está en muy distinto caso.
El, hombre puro, aristócrata por educacion, demócrata de origen y de sentimientos, con aficion á gustos finos, refractario á todo hábito desordenado, hijo amante, hermano cariñoso, amigo fidelísimo, en los cristalizados despojos del poeta sajon no puede hallar el reflejo de un recuerdo mortificante ó vergonzoso.
Los restos de aquel helado cadáver son para Castelar las hojas carcomidas del triste proceso, que fallado en rebeldía, demanda la apertura solemne de los autos para llenar el derecho imprescriptible de la defensa.
Y Castelar, rebatiendo los cargos, cumple su alta mision como abogado que es de las grandes causas.
Sí, porque justificando á Byron defiende la dolorosa historia de los pueblos de Europa, que es el prolongado calvario de una civilizacion destinada á dar frutos póstumos considerables.
Lord Byron es el Jeremías de los tiempos corrientes: Lord Byron es el Edipo en lucha inaudita contra la fatalidad de las viejas instituciones.
Ama lo imposible, y parece inconstante porque nunca tropieza con el ideal. Herido por el desengaño, todo lo ensaya, el llanto más puro y los actos más groseros; los gustos más exquisitos y los apetitos más torpes. Sueña con la gloria, y recoge el menosprecio; siente lo grande, y se revuelca en el polvo de lo pequeño; le sublima la tristeza, y consume la vida en báquicas carcajadas; lleva en sí el espíritu más levantando de independencia, y se somete al dominio humillante de mujeres despóticas; truena contra el orgullo y la tiranía del privilegio, y de ser dignatario muestra ufanía; se sobrepone á la esterilidad de las costumbres ceremoniosas, y se engalana de raso y frívolos encajes, reflejando en su persona la parte más flaca de esa civilizacion que ha venido agotando las escentricidades de la moda, desde los trajes caprichosos de Eliogábalo hasta la casaca borbada de Luis XIV; quiere escalar, en fin, el Olimpo, sin poder sostenerse en equilibrio porque no se lo permite su cojera.
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