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Las Fuerzas Extrañas
text from Project Gutenberg · read by Victor Villarraza for LibriVox
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NOTAS DEL TRANSCRIPTOR
En la versión de texto sin formato, el texto en cursiva se indica con _guiones bajos_. El signo ^ representa un superíndice; así e^ representa la letra _e_ minúscula escrita como superíndice inmediatamente después del carácter precedente. Del mismo modo _{4} representa al subíndice 4.
Se han corregido errores de puntuación obvios y otros errores de impresión.
El Índice con el contenido ha sido movido del final al principio de la obra.
El esquema presentado por el autor en el relato "Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones", en la versión de texto sin formato ha sido modificado de su diseño original para evitar un formato de exhibición no admitido por los programas de lectura de textos. El diseño original de ese esquema está disponible en las versiones HTML, EPUB y MOBI, donde se han incluido como imagen.
La portada del libro ha sido modificada por el transcriptor y se incluye en el dominio público.
LAS FUERZAS EXTRAÑAS
DEL AUTOR
Las Montañas del Oro; poema (agotado).
La Reforma Educacional; polémica (agotado).
El Imperio Jesuítico; ensayo histórico (agotado).
Los Crepúsculos del Jardín; versos.
La Guerra Gaucha (agotado).
Imprenta de Coni Hermanos, Perú 684
LEOPOLDO LUGONES
Las Fuerzas Extrañas
BUENOS AIRES
ARNOLDO MOEN Y HERMANO, EDITORES
Florida 323
1906
Leopoldo Lugones
ÍNDICE
| La fuerza Omega | 5 |
| La lluvia de fuego | 27 |
| Un fenómeno inexplicable | 47 |
| El milagro de san Wilfrido | 63 |
| El escuerzo | 77 |
| La metamúsica | 87 |
| El origen del diluvio | 109 |
| Los caballos de Abdera | 123 |
| Viola acherontia | 137 |
| Yzur | 151 |
| La estatua de sal | 169 |
| El psychon | 181 |
| Ensayo de una cosmogonía en diez lecciones | 201 |
| Proemio | 203 |
| I.—El origen del universo | 206 |
| II.—El origen de la forma | 212 |
| III.—El espacio y el tiempo | 216 |
| IV.—Los átomos | 220 |
| V.—Nuestra teoría ante la ciencia | 228 |
| VI.—La vida de la materia | 237 |
| VII.—Los elementos terrestres | 243 |
| VIII.—La vida orgánica | 247 |
| IX.—La inteligencia en el universo | 253 |
| X.—El hombre | 265 |
| Epílogo | 275 |
LA FUERZA OMEGA
LA FUERZA OMEGA
No éramos sino tres amigos. Los dos de la confidencia, en cuyo par me contaba, y el descubridor de la espantosa fuerza que, sin embargo del secreto, preocupaba ya á la gente.
El sencillo sabio ante quien nos hallábamos, no procedía de ninguna academia y estaba asaz distante de la celebridad. Había pasado la vida concertando al azar de la pobreza pequeños inventos industriales, desde tintas baratas y molinillos de café, hasta máquinas controladoras para boletos de tranvía.
Nunca quiso patentar sus descubrimientos, muy ingeniosos algunos, vendiéndolos por poco menos que nada á comerciantes de segundo orden. Presintiéndose quizá algo de genial, que disimulaba con modestia casi fosca, tenía el más profundo desdén por aquellos pequeños triunfos. Si se le hablaba de ellos, concomíase con displicencia ó sonreía con amargura.
—Eso es para comer, decía sencillamente.
Me había hecho su amigo por la casualidad de cierta conversación en que se trató de ciencias ocultas; pues mereciendo el tema la aflictiva piedad del público, aquéllos á quienes interesa suelen disimular su predilección, no hablando de ella sino con sus semejantes.
Fué precisamente lo que pasó, y mi despreocupación por el qué dirán debió de agradar á aquel desdeñoso, pues desde entonces intimamos. Nuestras pláticas sobre el asunto favorito, fueron largas. Mi amigo se inspiraba al tratarlo, con aquel silencioso ardor que caracterizaba su entusiasmo y que sólo se traslucía en el brillo de sus ojos.
Todavía le veo pasearse por su cuarto, recio, casi cuadrado, con su carota pálida y lampiña, sus ojos pardos de mirada tan singular, sus manos callosas de gañán y de químico á la vez.
“Anda por ahí á flor de tierra, solía decirme, más de una fuerza tremenda cuyo descubrimiento se aproxima. De esas fuerzas interetéreas que acaban de modificar los más sólidos conceptos de la ciencia, y que justificando las afirmaciones de la sabiduría oculta, dependen cada vez más del intelecto humano.”
La identidad de la mente con las fuerzas directrices del cosmos—concluía en ocasiones filosofando—es cada vez más clara; y día llegará en que aquélla sabrá regirlas sin las máquinas intermediarias, que en realidad deben de ser un estorbo. Cuando uno piensa que las máquinas no son sino aditamentos con que el ser humano se completa, llevándolas potencialmente en sí, según lo prueba al concebirlas y ejecutarlas, los tales aparatos resultan en substancia, simples modificaciones de la caña con que se prolonga el brazo para alcanzar un fruto. Ya la memoria suprime los dos conceptos fundamentales, los más fundamentales como realidad y como obstáculo—el espacio y el tiempo—al evocar instantáneamente un lugar que se vió hace diez años y que se encuentra á mil leguas; para no hablar de ciertos casos de bilocación telepática, que demuestran mejor la teoría. Si estuviera en ésta la verdad, el esfuerzo humano debería tender á la abolición de todo intermediario entre la mente y las fuerzas originales, á suprimir en lo posible la materia—otro axioma de filosofía oculta; mas para esto hay que poner el organismo en condiciones especiales, activar la mente, acostumbrarla á la comunicación directa con dichas fuerzas. Caso de magia. Caso que solamente los miopes no perciben en toda su luminosa sencillez. Habíamos hablado de la memoria. El cálculo demuestra también una relación directa; pues si calculando se llega á determinar la posición de un astro desconocido, en un punto del espacio, es porque hay identidad entre las leyes que rigen al pensamiento humano y al universo. Hay más todavía: es la determinación de un hecho material por medio de una ley intelectual. El astro tiene que estar ahí, porque así lo determina mi razón matemática, y esta sanción imperativa equivale casi á una creación.
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