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Cuentos Clásicos del Norte, Segunda Serie
text from Project Gutenberg
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BIBLIOTECA
INTERAMERICANA
Obras publicadas
Benjamín Hárrison: Vida Constitucional de
los Estados Unidos.
Édgar Allan Poe: Cuentos clásicos del norte:
Primera serie.
Nathániel Háwthorne, Wáshington Írving,
Édward Éverett Hale: Cuentos clásicos del
norte: Segunda serie.
En prensa
Nícholas Múrray Bútler: El significado de la
educación.
En preparación
Wílliam P. Trent: La literatura de los Estados
Unidos.
J. Rússell Smith: El comercio y las industrias.
Alexánder Johnston: La historia de la política
de los Estados Unidos.
——
Con el título de INTERAMERICAN LIBRARY, se
editará en inglés un número correspondiente de obras importantes
americanas, traducidas del español o del portugués,
para distribuirse en los Estados Unidos.
BIBLIOTECA INTERAMERICANA
III
Cuentos Clásicos del Norte
Segunda Serie
Por
Wáshington Írving
Nathániel Háwthorne
Édward Éverett Hale
Traducción de
Carmen Torres Calderón de Pinillos
Nueva York
Doubleday, Page & Company
1920
BIBLIOTECA INTERAMERICANA
Fundada por la Dotación de Carnegie para la Paz Internacional
para la difusión de ideas entre los pueblos del Nuevo
Mundo, mediante la traducción y publicación de obras importantes
que expresen los ideales y los sentimientos nacionales.
Copyright, 1920, por la
División Interamericana
de la
Asociación Americana para la Conciliación
Internacional
Péter H. Góldsmith, Director
407 West 117th Street, Nueva York
SUMARIO
| WÁSHINGTON ÍRVING | |
|---|---|
| PÁGINA | |
| Esbozo Biográfico | 3 |
| Introducción a Rip Van Winkle | 6 |
| Rip Van Winkle | 11 |
| La Leyenda del Valle Encantado | 45 |
| NATHÁNIEL HÁWTHORNE | |
| El Anciano Campeón | 97 |
| El May-Pole de Merry Mount | 115 |
| El Experimento del Doctor Héidegger | 137 |
| Leyendas de la Casa Provincial | |
| I. La Máscarada de Howe | 155 |
| II. El Retrato de Édward Rándolph | 178 |
| Feathertop | 199 |
| El Entierro de Róger Malvin | 233 |
| ÉDWARD ÉVERETT HALE | |
| El Hombre sin Patria | 267 |
WÁSHINGTON ÍRVING
Wáshington Írving nació en Nueva York el 3 de abril de 1783; murió en Súnnyside, su casa de campo cerca de Tárrytown, Nueva York, el 28 de noviembre de 1859. Era hijo de Wílliam Írving, un inglés oriundo de las islas de Órkney. Desde muy joven comenzó a trabajar y estudiar en un despacho de abogado, pero interesábale más escribir para el Morning Chronicle, bajo el seudónimo de “Jonathan Oldstyle,” que dedicarse a los estudios serios. Habiendo decaído su salud, resolvió viajar, dirigiéndose a Europa en 1804, donde pasó dos años. A su regreso a los Estados Unidos fundó el Salmagundi en sociedad con J. G. Páulding. Conquistó su fama literaria con la publicación de su History of New York, by Diedrich Knickerbocker (1809). En 1810 estableció en compañía de sus dos hermanos una casa de comercio. Desde 1815 hasta 1832 residió en Europa, siendo nombrado agregado a la legación de los Estados Unidos en Madrid en 1826, y secretario de la legación en Londres en 1829. Permaneció casi constantemente en Súnnyside desde 1832 hasta 1842, época en que fué nombrado ministro en España, volviendo a Súnnyside en 1846 y continuando allí hasta su muerte. Además del trabajo arriba mencionado dió a luz las obras siguientes: The Sketch Book (publicado por partes en 1819 y coleccionado en 1820); Bracebridge Hall, or the Humourists (1822); Tales of a Traveler (1824); Life and Voyages of Christopher Columbus (1828); Chronicle of the Conquest of Granada (1829); Voyages of the Companions of Columbus (1831); The Alhambra (1832); Crayon Miscellany (including Tour on the Prairies, 1835); Astoria, etc. (en colaboración con Pierre M. Írving, 1836); Adventures of Captain Bonneville, etc. (1837); Oliver Goldsmith (1849); Mahomet and His Successors (1850); Wolfert’s Roost (1855); Life of George Wáshington (1855-1859).
WÁSHINGTON ÍRVING
ESBOZO BIOGRÁFICO
WÁSHINGTON ÍRVING, uno de los primeros y más populares autores americanos, a quien Tháckeray, en inspirada frase, llama “el primer embajador que el mundo nuevo de las letras envió al antiguo,” nació en 1783, en la ciudad de Nueva York. Recibió su educación en las escuelas públicas, abandonando las aulas a los dieciséis años, aun cuando continuara después por largo tiempo la lectura sistemática de los mejores autores, especialmente Cháucer, Spénser y Bunyan. Desde su juventud, demostró poseer un talento natural para escribir ensayos e historietas. Como siempre detestó las matemáticas, escribía a menudo las composiciones de sus compañeros quienes, en cambio, solucionaban sus problemas. Estudió derecho por algún tiempo; pero no sintiéndose inclinado a la esclavitud de una profesión, prefirió entregarse a vagabundas correrías alrededor de la isla de Manhattan, que le familiarizaron con el magnífico paisaje que hizo después famoso con su pluma. Adquirió de esta manera el conocimiento exacto de varios puntos históricos, curiosas tradiciones y leyendas de que tan bello uso ha hecho en su Sketch-Book y en la History of New York. En 1804, amenazado de pulmonía, se embarcó para Europa y permaneció en el extranjero cerca de dos años. A su regreso intentó reasumir la práctica legal, pero sin ningún resultado. En compañía de algunos compañeros inició entonces la publicación de una obra por entregas llamada Salmagundi la cual, bien dirigida, obtuvo éxito. En 1809 publicó su Knickerbocker’s History of New York, obra única en nuestra literatura, perfectamente redondeada, y de sátira fina y sostenida. Dirigió durante dos años una revista en Filadelfia a la cual contribuía con artículos incluidos después en el Sketch-Book. En 1814 sirvió como ayudante del gobernador Tompkins, y cuando terminó la guerra, regresó de nuevo a Europa donde permaneció esta vez diecisiete años. Con motivo de la quiebra de su hermano perdió toda su fortuna y, entregado a sus propios recursos, dedicóse a la literatura para atender a su subsistencia. Publicó su Sketch-Book en 1819, el cual, debido a la influencia personal de Sir Wálter Scott, se reimprimió en Londres, quedando inmediatamente establecida la reputación de Írving como gran autor.
A continuación publicó Bracebridge Hall, en 1822, y Tales of a Traveler en 1824. Encargado de algunas traducciones del español, fué a establecerse en Madrid. A su permanencia en España debemos algunas de sus obras más encantadoras, como la Life of Columbus, Conquest of Granada, The Alhambra, Mahomet and His Successors y Spanish Papers. Regresó a América en 1832; y durante los años subsiguientes se publicaron Astoria, Adventures of Captain Bonneville y Wolfert’s Roost. En 1842 Írving fué nombrado Ministro en España. Su Life of Goldsmith vió la luz pública cuatro años más tarde, después de su vuelta a la patria. Su postrera obra, escrita con especial esmero, fué la Life of Washington, en cinco volúmenes.
Los últimos años de Írving transcurrieron en “Sunnyside,” su encantadora residencia en Tárrytown, a las orillas del Hudson, en el centro del hermoso paisaje que había inmortalizado. Írving falleció el 28 de noviembre de 1859, el mismo año que Préscott, el historiador, y que Macáulay. Un amigo que trató mucho a nuestro autor en sus últimos días, le describe así: “Tenía ojos color gris obscuro, hermosa nariz recta que casi podría decirse grande; frente ancha, alta y abierta, y boca pequeña. Era de tamaño mediano, cinco pies y nueve pulgadas más o menos, y tendía un poquillo a la obesidad. Su sonrisa era extremadamente genial, iluminándole todo el rostro y haciéndole muy atrayente; y cuando se preparaba a decir algo jocoso, brillaba en sus ojos mucho antes de que hubiera pronunciado una palabra.”
George Wílliam Curtis, en uno de sus deliciosos ensayos, Easy Chair, dice: “Írving era personaje tan exótico como su Díedrich Kníckerbocker en los anuncios preliminares de la History of New York. Hace treinta años podía vérsele en ciertas tardes de otoño, marchando a lo largo de Broadway con paso ágil y elástico, calzando zapatos bajos esmeradamente atados, y ataviado con capa Talma, prenda corta semejante a la esclavina de un abrigo. Tenía cierto aire ligero, jovial y de antigua escuela, que revelaba incontestablemente al holandés y armonizaba admirablemente con sus obras. Parecía, en realidad, escapado de alguno de sus libros; y la afabilidad cordial y agudeza de sus discursos, al detenerse para alguna charla pasajera, constituían uno de sus deliciosos rasgos característicos. Era ya por aquel tiempo uno de nuestros más famosos literatos, pero jamás demostraba vanidad alguna ni pretensiones dogmáticas.”
INTRODUCCIÓN A RIP VAN WINKLE
LA HISTORIA de Rip Van Winkle se supone escrita por Díedrich Kníckerbocker, jocosa creación de Írving, y cuyo nombre se hizo familiar al público como autor de A History of New York. Esta historia se publicó en 1809, diez años antes de que viera la luz pública el primer número de The Sketch-Book of Geoffrey Crayon, Gent. Este número, que contenía la historia de Rip Van Winkle, fué escrito por Írving en Inglaterra y enviado a América para su publicación, lo mismo que las ediciones sucesivas. Colocó la escena en Káatskill, pero describió el sitio según su fantasía y ajenos informes, habiéndolo visitado solamente en 1833. El argumento no es nuevo: el cuento de hadas de la bella durmiente en el bosque tiene el mismo tema, así como la historia de Epaminondas de Creta, que floreció en la sexta o séptima centuria antes de J. C. Se asegura que Epaminondas se quedó dormido en una cueva cuando era muchacho y despertó cincuenta y siete años después mientras su individuo había continuado su desarrollo normal. Existe también la leyenda de los siete durmientes de Éfeso, mártires cristianos emparedados en una cueva que buscaron como refugio y donde se conservaron maravillosamente durante dos siglos.
Entre las historias que tanto abundan en los montes Harz de Alemania, se refiere una de Péter Klaus, un cabrero a quien se acercó cierto día un joven que comenzó a seguirle silenciosamente y le condujo a un lugar aislado donde encontró doce caballeros que jugaban a los bolos sin pronunciar una sola palabra. El cabrero vió una cantimplora de vino fragante y bebiéndolo, quedó sumergido en profundo sueño que se prolongó durante veinte años. La historia relata los incidentes del despertar del cabrero y los cambios que encontró en su aldea a su regreso.
Esta historia, publicada con algunas otras en 1800, dió probablemente origen a la de Írving, quien hace uso casi de idéntico argumento. Las jocosas adiciones con que ha adornado su relato y la gracia de que todo el cuento está revestido han logrado que la historia de Írving suplante en la mente popular a todas las primitivas de este género, llegando Rip Van Winkle a convertirse en un personaje familiar a quien aluden frecuentemente aun personas que jamás han leído la historia de este festivo autor. La forma dramática dada posteriormente a este cuento, aunque asumiendo sólo los rasgos principales, ha contribuído en gran manera a definir la concepción del personaje. La historia despierta un sentimiento de curiosidad respecto de la vida futura, no muy alejado de aquel que se considera en general como la tendencia del espíritu humano a la inmortalidad individual. El nombre de Van Winkle fué una feliz elección de Írving, pero no ha sido inventado por él. El impresor del Sketch-Book, sin ir más lejos, llevaba el mismo nombre. El de Kníckerbocker se encuentra también entre los holandeses, pero Írving lo ha hecho típico. En The Author’s Apology, que agregó como prefacio a una nueva edición de la History of New York, dice: “He encontrado que este nombre es una palabra de orden para dar sello familiar a cualquiera cosa destinada al favor del público, como las sociedades Kníckerbocker; las compañías de seguros Kníckerbocker; los vapores Kníckerbocker; los ómnibus Kníckerbocker; el pan Kníckerbocker; el hielo Kníckerbocker; y... hasta los neoyorquinos de origen holandés tienen a gala llamarse “genuinos Kníckerbockers.”
RIP VAN WINKLE
OBRA PÓSTUMA DE DÍEDRICH KNÍCKERBOCKER
Por Woden (Odin), Dios de los sajones, de quien procede Wednesday (miércoles) que es Wodensday (día de Odin). La verdad es algo que siempre conservaré hasta el día en que me arrastre hacia la tumba.
Cártwright.[1]
EL CUENTO siguiente se encontró entre los papeles del difunto Díedrich Kníckerbocker, un viejo caballero de Nueva York, muy curioso respecto de la historia holandesa de la provincia y de las costumbres de los descendientes de sus primitivos colonos. Sus investigaciones históricas dirigíanse menos a los libros que a los hombres, pues que los primeros escaseaban lamentablemente en sus temas favoritos mientras que los viejos vecinos y, sobre todo sus mujeres, eran riquísimos en aquellas tradiciones y leyendas de valor inapreciable para el verídico historiador. Así, cuando le acontecía tropezar con alguna familia típica holandesa, agradablemente guarecida en su alquería de bajo techado, a la sombra del frondoso sicomoro, mirábala como un pequeño volumen de letra gótica antigua, cerrado y abrochado, y lo estudiaba y profundizaba con el celo de la polilla.
El resultado de todas estas investigaciones fué una historia de la provincia durante el dominio holandés, publicada hace algunos años. La opinión anduvo dividida con respecto del valor literario de esta obra que, a decir verdad, no vale un ápice más de lo que pudiera. Su mérito principal estriba en su exactitud, algo discutida por cierto en la época de su primera aparición, pero que ha quedado después completamente establecida y se admite ahora entre las colecciones históricas como libro de indiscutible autoridad.
El viejo caballero falleció poco tiempo después de la publicación de esta obra; y ahora que está muerto y enterrado no perjudicará mucho a su memoria el declarar que pudo emplear mejor su tiempo en labores de más peso.[2] Era bastante hábil, sin embargo, para encaminar su rumbo como mejor le conviniera; y aunque de vez en cuando echara un poco de tierra a los ojos de sus prójimos y apenara el espíritu de algunos de sus amigos, a quienes profesaba sin embargo gran cariño y estimación, sus errores y locuras se recuerdan “más bien con pesar que con enojo,” y se comienza a sospechar que jamás intentó herir ni ofender a nadie. Mas como quiera que su memoria haya sido apreciada por los críticos, continúa amada por mucha gente cuya opinión es digna de tenerse en cuenta, como ciertos bizcocheros de oficio que han llegado hasta el punto de imprimir su retrato en los pasteles de Año Nuevo,[3] dándole así ocasión de inmortalizarse casi tan apreciable como la de verse estampado en una medalla de Wáterloo o en un penique de la reina Ana.[4]
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