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Cuentos de la Alhambra
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CUENTOS
DE LA
ALHAMBRA
Con Licencia.
IMPR. DE J. FERRER DE ORGA.
Valencia 1833.
T. Blasco lo g.ºL. Tellez lo d.º
Mientras esa mano no se baje hasta tocar la llave, ningún artificio mágico triunfará del Señor de esta colina.
CUENTOS
DE
LA ALHAMBRA
DE
Washington Irving.
Traducidos
POR D. L. L.
PARIS,
LIBRERÍA HISPANO-AMERICANA,
CALLE DE RICHELIEU Nº 60.
1833.
EL EDITOR.
Si los Cuentos de la Alhambra han alcanzado tan buena acogida entre los ingleses y franceses, con mayor razon puede esperarse que la logren entre nosotros; porque enlazadas estas fábulas con las tradiciones y consejas populares del pais, es muy natural que produzcan aquel interes que inspiran al hombre de buen corazon las antiguallas de su patria, y la tierna memoria de los cuentos de la niñez.
Esta consideracion nos ha impulsado á dar á luz el presente tomito, como una muestra de la obra que con el mismo título y mayor estension acaba de escribir el célebre Washington Irving; y si el éxito nos diese motivo para juzgar que ha merecido el aprecio de los inteligentes, quizá pensaremos en publicar otra serie, y aun acaso todos los que restan del original.
El Viage.
Conducido á España á impulsos de la curiosidad en la primavera de 1829, hice una escursion desde Sevilla á Granada en compañía de un amigo, agregado entonces á la embajada rusa en Madrid. Desde regiones muy distantes nos habia llevado el acaso al pais en que nos hallábamos reunidos, y la conformidad de nuestros gustos nos inspiró el deseo de recorrer juntos las románticas montañas de Andalucía. ¡Ojalá que si estas páginas llegan á sus manos en el pais adonde las obligaciones de su destino hayan podido conducirle, ya le hallen engolfado en la pompa tumultuosa de las córtes, ya meditando sobre las glorias mas efectivas de la naturaleza; le recuerden nuestra feliz peregrinacion y la memoria de un amigo, á quien ni el tiempo ni la distancia harán jamas olvidar su amabilidad y su mérito!
Antes de pasar adelante, no será inoportuno presentar algunas observaciones preliminares sobre el aspecto general de España, y el modo de viajar por aquel pais. En las provincias centrales, al atravesar el viagero inmensos campos de trigo, ora verdes y undosos, ya rubios como el oro, ya secos y abrasados por el sol; buscará en vano la mano que los ha cultivado, hasta que al fin divisará, sobre la cima de un monte escarpado, un lugar con fortificaciones moriscas medio arruinadas, ó alguna torre que sirviera de asilo á los habitantes durante las guerras civiles, ó en las invasiones de los moros. La costumbre de reunirse para protegerse mútuamente en los peligros, existe aun entre los labradores españoles, merced á la rapiña de los ladrones que infestan los caminos.
La mayor parte de España se halla desnuda del rico atavío de los bosques y las selvas, y de las gracias mas risueñas del cultivo; pero sus paisages tienen un carácter de grandeza que compensa lo que les falta bajo otros respetos: hállanse en ellos algunas de las cualidades de sus habitantes, y de ahí es que yo concibo mejor al duro, indomable y frugal español despues que he visto su pais.
Los sencillos y severos rasgos de los paisages españoles tienen una sublimidad que no puede desconocerse. Las inmensas llanuras de las Castillas y de la Mancha, estendiéndose hasta perderse de vista, adquieren cierto interes con su estension y uniformidad, y causan una impresion análoga á la que produce la vista del océano. Recorriendo aquellas soledades sin límites visibles, suele descubrirse de cuando en cuando un rebaño apacentado por un pastor inmóvil como una estátua, con su baston herrado en la mano á guisa de lanza; una recua de mulos que cruzan pausadamente el desierto, cual atraviesan las carabanas de camellos los arenales de la Arabia; ó bien un zagal que camina solo con su cuchillo y carabina.
Los peligros de los caminos dan ocasion á un modo de viajar que presenta en escala menor las carabanas del oriente: los arrieros parten en gran número y bien armados á dias señalados, y los viageros que accidentalmente se les reunen aumentan sus fuerzas.
El arriero español posee un caudal inagotable de canciones y romances con que aligera sus continuas fatigas. La música de estos cantos populares es sobremanera sencilla, pues que se reduce á un corto número de notas, y las letras por lo comun son algunos romances antiguos sobre los moros, endechas amorosas, y con mayor frecuencia romances en que se refieren los hechos de algun famoso contrabandista; y sucede no pocas veces, que tanto la música como la letra es improvisado, y se refiere á una escena local ó á algun incidente del viage. Este talento de improvisacion, tan comun en aquel pais, parece se ha trasmitido de los árabes, y es fuerza convenir en que aquellos cantos de tan fácil melodía producen una sensacion sumamente deliciosa cuando se oyen en medio de los campos salvages y solitarios que celebran, y acompañados por el argentino sonido de las campanillas de las mulas.
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